Tradición China se encarna en la vida del Padre Toto

Su labor se caracteriza por la hermandad / Mensajes e historias en sus sermones evidencian un estilo oriental

Nota redactada por Tatiana Gutiérrez - Periodista


El amor silencioso de hermandad hacia los fieles, las estrategias creativas para acercarse a la comunidad y su buen sentido del humor caracterizan a Víctor Jiménez, “más conocido como el padre Toto”, un hombre que encarna en su vida el estilo oriental.


Su abuelo era descendiente de Cantón, en China, pero su historia un poco “sorpresiva”,  permite que hoy podamos compartir con ustedes este relato.


Ese chino llegó a Costa Rica en los años sesenta y como muchos otros inmigrantes buscaban un mejor estilo de vida. 


Se enrumbó hacia Guanacaste, específicamente a Cañas.    

El tiempo pasó y con todas las limitaciones y travesías que puede enfrentar una persona, la esposa que tenía en China, vino a buscarlo, pero cuando llegó a Costa Rica, lo encontró casado, creando “toda una situación emocional”.


Su abuela china se quedó viviendo en Costa Rica y murió a los pocos años, eso hizo que su abuelo hiciera todo lo posible por traerse a sus dos hijos de  allá.


“Mi papá llegó a los doce años y su hermana,  de manera ilegal y por eso,  se da el cambio de apellido,  que sucede en muchos casos.    Se casa con una joven de Cañas, con tendencia mexicana y nicaragüense, ósea una mezcla de cultura, por lo que, soy 50% chino”, cuenta.

El apellido original era “Chao”, pero queda como Jiménez Chang, por toda esa historia confusa se perdió y únicamente quedó el Jiménez.    


Su tía que se casó con un  chino,  por lo que,  conserva un 100% de la tendencia oriental.

La labor del párroco como en cualquier otro lugar es difícil, pero después de tantos años de haber tomado la decisión en el seminario, está convencido de que “fue lo mejor que pudo pasar en la vida”. 


“Los feligreses me han dicho que mis mensajes son muy orientales porque son como historias o anécdotas”


El padre Toto trabaja en la Iglesia Fátima en Hatillo 3. 

Foto: Julio Arrieta/Comunidad China de Costa Rica.



-¿Cómo surge la vocación de ser sacerdote?

- “Bueno, nunca, en mi corazón, estuvo la idea de ser sacerdote. 

En la casa, siempre habíamos sido católicos, íbamos a misa y yo veía al párroco y no sentía que esa vida era para mí. 


Dios me ha bendecido lo digo con humildad, con una capacidad intelectual importante y tengo un campo que puedo explotar.

Me vine a estudiar a San José, Administración de Empresas con Énfasis en Turismo, pensando que soy de Guanacaste y podía sacar ventaja en eso.

Aquí tuve una experiencia muy fuerte con Dios.


Lo primero,  que viene a mi mente, no era ser sacerdote, sino que pudiera enseñarle a la gente a experimentar el amor que yo había encontrado. 

Conforme fue  avanzando el tiempo me di cuenta que tal vez el Señor me está pidiendo esto.

A mí me parecía imposible porque yo había pensado casarme y tener hijos, pero el Señor se fue encargando.


Así fue como en pastoral juvenil conocí a un compañero que tenía la inquietud y lo acompañé en el proceso de discernimiento y yo le dije que a mí no me interesaba, que yo quiero casarme.

Empecé a ir y así me di cuenta que realmente eso era lo que quería y al final entré al seminario y ahora, sé que esa si es la mejor decisión de mi vida".


-¿Cuál ha sido la mejor experiencia que ha tenido como párroco?

-"Muchas,  primero serví en Alajuelita,  luego el arzobispo Monseñor Hugo Barrantes, me puso hacer discernimiento vocacional por más de 10 años.

Ese tiempo fue muy bonito, porque me encanta trabajar con los jóvenes y porque es toparse con la misma historia vocacional de la gente que está con la inquietud  de determinar si ese es el  deseo de su corazón.


Luego, me mandaron a la Iglesia de Frailes de Desamparados y ahora estoy aquí en la Iglesia Fátima en Hatillo 3. 

Como sacerdote esta es la segunda parroquia y lo que me gusta es hacer el bien interior principalmente y tratar de que la gente que está triste conozca la noticia de Jesucristo.

Exteriormente,  todo el bien que uno pueda hacer,  desde la promoción social ayudando a los agricultores, sobre todo, aquí en el tema del café, tratando de erradicar el hambre y el buen samaritano, así como apoyar a los adultos mayores, que son muchos.

Ese es un bien que se hace todos los días y la gente no lo sabe. 


Se  dice Iglesia Católica y la gente piensa en temas más controversiales que siempre hay, pero existe un amor silencioso que se va tejiendo ahí.

Como por ejemplo, una viejita que vive sola, pero que llega un fiel y la acompaña, eso no sale en las noticias".


-¿Cómo nace el tema de Toto?

"En la forma resumida en Guanacaste a todos los niños se les dice Tito y tengo un primo de la misma edad. 

Entonces,  deciden llamarme a mi Toti y a él Tito, pero al final eso no sirvió mucho porque cuando nos llamaban llegamos los dos.

Entonces, el nombre original es Toti, incluso mis papás tenían una soda allá y como yo soy el primogénito le pusieron así.


A mi papá le sonaba más el sonido “Coco” que es más presente en la cultura china y me decía Toto y la familia del lado de mi mamá y el pueblo me decía Toti.

Cuando yo vine ya a San José me presentó por mi nombre Víctor Jiménez, pero un día cuando ya estoy en el seminario, se me quedó una maleta en el carro de mi papá y cuando se devolvió le dijo a un muchacho: ¿usted conoce a mi hijo? y le respondió que sí.  Entonces, mi papá le dijo: “me le da esto a Toto” y listo. 


De ahí, me siguieron llamando Toto y todo el seminario Toto y todo el tema de Iglesia me dicen así y en la familia Toti y es curioso porque Monseñor Hugo Barrantes, que fue el obispo que me ordenó,  el día de la graduación en la sacristía me llamó aparte y me dijo ¿cómo es que te llamas vos?, porque no te voy a decir Toto delante de todo el mundo y al final, siempre me llamó así.


Pero, es curioso, no es algo que me moleste, la gente me dice Padre Toto, Toto y a mí se me hace familiar…muy familiar".


-Padre, ¿Qué cosas se pueden mejorar de la relación de China y Costa Rica? Quizás no desde el punto de vista religioso, pero si en materia de relaciones bilaterales. 

"De ese tema no conozco mucho, pero lo que si quisiera es que la gente  no se guíe por estereotipos, ni de los chinos, ni los negros, ni de nada.

Las relaciones basadas en estereotipos son muy difíciles y desde el trabajo que yo hago que es de hermandad es muy importante que nos libremos de ellos. 


Ciertamente, el país de donde nosotros venimos tiene sus estereotipos y entonces eso es muy malo.

No va a ayudar nunca porque cualquier esfuerzo que se haga se lo trae al traste y la percepción no es muy positiva".


-La iniciativa que se realizó durante el Covid-19 de poner las fotos de las familias en las bancas de la Iglesia le dado visibilidad ante los medios de comunicación nacionales e internacionales, pero más allá de eso ¿cuál es el mensaje qué le da a la gente que está pasando por una situación financiera difícil y que no tiene plata para pagar la luz y el agua y sienten qué Dios los ha abandonado?

-"Usted está hablando con un sacerdote, no con un economista, ni con un politólogo.    Lo cierto, es que Dios es el especialista en la novedad. 

Dios siempre está en lo nuevo, no necesariamente lo nuevo siempre es bueno y en esa circunstancia nueva, Dios está allí.  Como fue nuevo para María y José tener que ir a vivir a Egipto y migrar. 


Como fue nuevo para el pueblo de Israel padecer hambre en medio del desierto.

Yo no tengo las soluciones religiosas para el hambre, ni para la factura de la electricidad.

Si sé que hay hermanos que tienen un mejor fondo económico que están siendo solidarios con otros. 

Y aunque no es la mejor solución, es momentáneo y paliativo, lo  primero,  que recomiendo a las personas es luchar con su fuerza interior, porque de no tenerla llega uno a la desesperación y saber que Dios siempre está con uno. 


Jesús fue el primero que  pasó hambre y  el que pasó migración, pero la parte real y espiritual es lo más importante.

Está ahí como cuando hay un cambio drástico por la muerte de alguien, al igual que cuando hay una buena noticia.

A nosotros nos cuesta mucho desapegarnos de las cosas que ya conocemos, entre unos zapatos viejos y unos nuevos.


Uno siempre prefiere los viejos porque ya tienen la forma del pie y le duele botarlos, pero también que bonito estrenar.

En esta situación que es nueva, Dios también está con nosotros".


“La Iglesia tiene un amor silencioso que nadie publica”


-¿Cómo fue la iniciativa de las fotos?

-"Teníamos un reto por delante y no sabíamos cuánto iba a durar esta pandemia, pero queríamos que esa vivencia de fe, no se volviera flácida.

Cuando un músculo usted lo deja de usar se vuelve flácido por eso, hay que llevarlo a la rehabilitación. 


Así que el equipo de comunicación en la parroquia nos planteamos hacer las transmisiones públicas y esa semana se me ocurrió poner casi mil nombres en las bancas y entonces con el equipo planeamos una estrategia de domingo a domingo.

El segundo domingo pedimos que nos enviaran sus fotos y se fueron imprimiendo y fue una forma de decirles que  aunque físicamente no estaban aquí, estaban y que necesitábamos que pudieran vivir la fe y fue algo extraordinario.


No solamente fue un elemento emocional, sino también espiritual porque las familias querían participar y estar en las bancas, incluso alguna gente ya nos han dicho que las quieren cuando las quiten.

Luego me di cuenta que hermanos dentro del país y fuera lo habían hecho y me dicen: “lo copiaron del Padre Toto”.


Yo eso no lo sé, yo sé que el Espíritu Santo nos da una idea y se la da a todo el mundo, por eso, en la Iglesia no hay copia, sino que se comparte y me alegra muchísimo que lo hagan".


-El tema de la tradición china, ¿Cómo está en su quehacer diario?

"La vivencia de las tradiciones se da principalmente por mi papá, antes de que él falleciera, era más constante porque celebramos el Año Chino. 

Nos reuníamos en familia, íbamos donde mi tía que es la que está viva ahora y  toda esa parte gastronómica.


Yo le voy a decir algo: “Jesús fue oriental” y así quedó representado desde el punto de vista de la fe, en forma de pan y de vino. 

Y yo entendiendo lo que se vive detrás de una comida china, a  mí se me hace súper fácil entender que haya querido quedarse en un banquete.


En Costa Rica,  el objetivo es comer, se come para agarrar energías, pero para los chinos la comida es diferente, es el punto de encuentro, la conversación, el compartir, son las historias que vienen y van,  por eso a mí se me hace más fácil  saber qué el quiso quedar vivo en un banquete. 


Hay muchos ritos de colores y demás que para nosotros los chinos están muy presentes y cercanos.

Además,  algunos feligreses me han dicho que mis mensajes son muy orientales porque son como historias o anécdotas". 



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