Tradición culinaria dirige el destino de la vida de Lucía Shum

Junto con su familia administra el Hotel y Restaurante Isla Verde

Nota redactada por Tatiana Gutiérrez Wa-chong, periodista


Toda la dedicación y empeño que sus padres le enseñaron a poner como ingrediente en cada uno de los platillos chinos y una visión emprendedora,  la heredó Lucía Shum, quien junto con los demás integrantes de su familia,  administra el Hotel y Restaurante Isla Verde, ubicado a dos cuadras de la Embajada de Estados Unidos.


El lugar que hoy conocemos, tiene una historia de trabajo y migración de dos personas visionarias: Lintó Shum Mok y Virginia Tsang salieron de China y pasaron un tiempo en Hong Kong,  pero que llegaron a Costa Rica y sufrieron un choque cultural.  

“Mis papás pasaron de una ciudad cosmopolita con rascacielos y alta infraestructura en los años setentas a San José lleno de cafetales y fincas y pese al cambio cultural lograron salir adelante”, recordó.  

Los primeros años que pasaron aquí, solo tenían a sus dos hijos mayores, Lucía y Natalia todavía no habían nacido y se fueron a trabajar en un negocio que era propiedad de su tío en Valle La Estrella.  

Creció apreciando la cultura de C.R. y China


Allí ayudaron con la administración y atención de un salón comunal donde se reunía todo el pueblo y la economía giraba en torno a las fincas bananeras.

Con el tiempo, lograron reunir un capital y se vinieron a San José.   Abrieron un negocio propio frente a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica, que se llamaba OPQ.


Ese restaurante estuvo ahí por más de 20 años y se enfocó en una clientela de estudiantes universitarios.

La familia siguió creciendo llegando a cuatro hijos y San Pedro se llenó de más fiesta y algarabía, por eso, a mediados de los noventas, el padre de Lucía decide buscar un lugar más tranquilo para sentarse a conversar y disfrutar de la comida y en 1996 se abre el Restaurante Isla Verde, pensando en un corto plazo abrir el Hotel, que empezó dos años después con 17 habitaciones.  (Hoy tiene 42).


Así es como Shum tiene en su ADN el tema de los negocios y su legado chino está en cada uno de los bocados de los platillos que hacen a sus clientes.  

La unión familiar es muy importante para Lucía Shum.


“El negocio surgió como un emprendimiento y oportunidad de mis padres para sacarnos adelante y que pudiésemos estudiar”, destacó la empresaria.  

Así los hermanos de Lucía que estudió administración de empresas lograron cumplir sus sueños y una es administradora turística y hotelera, otra saxofonista y otro ingeniero industrial.


Un gran número de chinos –cuenta Shum- se dedicaban a los restaurantes hace 45 años porque el idioma era una barrera, “entonces empezaban un negocio ponían una foto de la comida, un ítem, el monto y así se la jugaban”.  


“El primero en venirse a Costa Rica fue mi tío y de ahí poco a poco se trajo a sus hermanos y ellos a sus esposas y a sus hijos y así cada uno logró hacer su fortuna”, explicó.  

Agrega que ahora la situación es otra debido a que un empresario debe enfrentarse a un mercado más competitivo y renovar los servicios siempre para paliar la crisis fiscal y económica, en general.


En su vida, los principales legados culturales son tres: la unión familiar, la disciplina y

el respeto que se debe transmitir a los hijos.

“Ellos lo tienen muy claro, respetar la jerarquía (a los mayores) y que las cosas fáciles no duran y que siempre hay que trabajar y sacrificar.   Ser disciplinado para llegar a un objetivo”, comentó.  


En la tarde, aquí pasan todos sobrinos, hijos, compartiendo y viendo a ver en qué ayudan y se toman un café, hablan de su vida y todo gira alrededor del negocio.  

Cada uno aporta su grano de arena en el área que mejor se destaca.  

Lucía se encarga del mercadeo, redes sociales, relaciones públicas y ventas.  


Su otra hermana: Natalia,  es una excelente auditora y realiza la contabilidad y les soca la faja. Verónica se encarga del hotel, delegar las mucamas, el mantenimiento y todo lo que es el funcionamiento general,  que es bastante detallado.  La madre de Lucía se encarga de la cocina y los proveedores.  

“Cada quien encontró su rol, sin embargo, si tenemos que arrollarnos las mangas para ir a golpear el wok lo podemos hacer”, destacó.  

En las tardes, luego del corre corre diario, toda la familia se reúne y como buenos descendientes chinos el mundo gira entorno a la comida.

Ahora administra junto a su familia el Hotel y Restaurante Isla Verde.  



Ellos al igual que los clientes disfrutan de platillos tradicionales al estilo cantonés, pero también de otros más sofisticados y saludables como el pescado entero al vapor acompañado de jengibre y cebollinos,  en una salsa de ajonjolí y soya y por qué no la especialidad de la casa   Pato Pekín, acompañado de tortillas chinas, cebollinos y una salsa de ciruela.


La decoración del restaurante también invita a sus clientes a pensar en una ambiente asiático debido a que las paredes tienen el diseño de las escamas de los peces y están pintadas de un color azul marino y celeste y se utiliza madera que aparenta ser bambú.  

Además, en una pared ahora sobresale una obra del maestro Isidro Con Wong denominada “Antes de la Llena”.


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