LA COMUNIDAD CHINA EN LA COSTA ATLANTICA DE COSTA RICA: LOS PRIMEROS INMIGRANTES

Moisés León, PhD


PRÓLOGO, Dedicatoria

CAPÍTULO 1: Introducción

1. Introducción al Estudio

1.2 Confrontaciones Ëtnicas y Raciales en el Mundo de Hoy

1.3 El Valor de la Cultura

CAPÍTULO 2: La Costa Atlántica: Contexto Socio-Histórico

(Notas al Final del Capitulo

CAPÍTULO 3: Origenes y Antecedentes

3.1 Orígenes y Antecedentes de los Inmigrantes Chinos

3.2 China Durante el Siglo Diecinueve

CAPÍTULO 4: Migraciones Chinas a América

4.1 Destino: La Montaña de Oro

4.2 Principales Países Que Recibieron Migrantes Chinos

4.2.1 Estados Unidos de Norteamérica

4.2.2 Cuba

4.2.3 México

4.2.4 Panamá

4.2.5 Guyana Británica

4.2.6 Perú

(Notas al Final del Capitulo)

CAPÍTULO 5: Primeras Migraciones Chinas Bajo Contrato

5.1 El Primer Grupo de Inmigrantes Chinos (1855)

5.2 Los Labradores Chinos en el Ferrocarril (1873)

5.3 La Huelga China en el Ferrocarril (1874)

(Notas al Final del Capitulo)

CAPITULOS y ANEXOS PENDIENTES: Migraciones Subsecuentes, Vida en el Sur de China, Familia, Organizaciones Social, Comercio; Bibliografía. Anexos: Contratos de 1872 y 1887. Archivo de Chinos, Leyes que Afectaron Migración China a Costa Rica, Limon Directory, Otros.



PRÓLOGO


El estudio que se presenta a continuación es un resumen selectivo traducido al español de la tésis “Chinese Immigrants on the Atlantic Coast of Costa Rica: The Economic Adaptation of an Asian Minority in a Pluralistic Society”, presentada en 1987 en la Universidad de Tulane, Nueva Orleans, para optar por el título de PhD. (doctorado académico) en Antropología por Moisés León Azofeifa.


Como todo relato histórico, la información contenida tiene un marco de referencia histórica limitado que debe ser tomado en cuenta al interpretar la información. La selección de secciones escogidas y resumidas de la tesis, y la traducción de las mismas, las realizó el autor del estudio.


Moisés León A.,

San José, Costa Rica

Enero, 2020



DEDICATORIA


i. No quiero que mi casa esté rodeada de muros

por todos los costados y las ventanas trancadas;

Quiero que las culturas de todas las tierras

Soplen dentro de mi casa tan libremente como

sea posible,

Pero, me niego a dejar que

ninguna cultura arrase conmigo.

Mahatma Gandhi


(“I do not want my house to be walled in on all sides

and my windows to be shuttered.

I want the cultures of all lands to be blown

about my house as freely as possible.

But I refuse to be blown off my feet by any.”)

ii. El Mundo en el cual nacimos no es más que un modelo

de la realidad. Otras culturas no son intentos fallidos de ser como nosotros. Son manifestaciones únicas del espíritu humano.


Wade Davis


(“The World in which we were born is just one model

of reality. Other cultures are not failed attempts at being like us. They are unique manifestations

of the human spirit.”)



CAPÍTULO 1


1.1 INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO


El presente estudio constituye un esfuerzo por documentar la historia de la evolución social de la población china que se asentó en la sociedad multicultural de la Costa Atlántica de Costa Rica, a partir del siglo XIX, basándose principalmente en las experiencias que relata la comunidad china de la Costa. Dicha documentación ha dependido grandemente de la historia oral expresada por antiguas generaciones chinas asentadas en esa región.


Este estudio es, principalmente, un esfuerzo descriptivo, guiado por un número de preguntas que se aplican a otras minorías étnicas en la sociedad de la Costa: ¿Cuáles fueron las principales formas de adaptación social y económica de los inmigrantes? ¿Qué tipo de relaciones mantuvieron con la cultura madre? Con respecto a las formas de adaptación, ¿contribuyeron, o inhibieron el proceso de aculturación y asimilación a la sociedad dominante?, y, por último, ¿qué ha sucedido con las nuevas generaciones?


De tal manera, el estudio ha tenido que enfocar un periodo histórico definido por la existencia de fuentes etnohistóricas, principalmente los inmigrantes mismos y sus descendientes. Los inmigrantes chinos más viejos que participaron en el estudio arribaron a la Costa Atlántica durante la década de 1910-1920. Los documentos oficiales sobre la historia de la costa, principalmente los libros de actas de la municipalidad de Limón, centro político y social de la costa, ofrecen información importante sobre la adaptación económica de la comunidad china a partir de 1902, año en que se estableció el municipio. También, la información sobre los inmigrantes chinos a Costa Rica previa al siglo XX, se encuentra en el trabajo de Fonseca, 1979. Este estudio toma en cuenta y discute esa información y se extiende hasta la década de 1970, pero debido a la complejidad y dinámica de la sociedad china contemporánea en la costa, se excluye un tratamiento profundo de la realidad social de los chinos desde ese tiempo al presente.


Además de intentar llenar un vacío notable con respecto a estudios de campo sobre los chinos y otros migrantes asiáticos en Costa Rica (su ausencia es evidente en todo el istmo centroamericano), este estudio ha adquirido relevancia adicional, debido a algunos conflictos recientes relativos a la inmigración de chinos a Costa Rica, quienes, aparentemente, ingresaron para trabajar en condiciones irregulares en algunos restaurantes chinos del país. Estos incidentes fueron reportados en todos los principales periódicos de Costa Rica durante los meses de julio y agosto de 1987.


Sin embargo, este estudio no incluye a la población china asentada en la costa pacífica del país - Guanacaste y la provincia de Puntarenas- ni en el Valle Central de Costa Rica. No obstante, es evidente para el autor que gran parte de la información sobre la adaptación de los chinos en la Costa Atlántica se aplica a los mismos en la costa pacífica, debido a la similitud de los procesos socio-históricos de las dos poblaciones y el desarrollo social de ambas regiones. Los chinos que se asentaron en el valle Central, enfrentaron condiciones sociales un tanto más complejas, dignas de mayor estudio.


1.2 CONFRONTACIONES ÉTNICAS Y RACIALES EN EL MUNDO DE HOY


El mundo se vuelve más pequeño cada día, gracias a la televisión y otros medios electrónicos que nos mantienen informados y nos acercan a los principales acontecimientos en los más distantes rincones del planeta. De esta manera, logramos conocer con curiosidad, y aprehensión, un mundo de gran diversidad. No cabe duda, vivimos en una aldea global, nos conocemos a medias, sin saber apenas quiénes somos y quiénes son los otros que vemos en las pantallas, gracias a las miles de imágenes y mensajes que bombardean nuestra atención a diario.


Es así como las sociedades se acercan unas a otras a través de múltiples medios, pero la falta de conocimiento entre ellas trae consigo la desconfianza y conduce a conflictos sociales y raciales, los cuales parecen tener base en la incertidumbre y el temor acerca de los motivos e intenciones de aquellos a quienes vemos como extranjeros, foráneos, competidores y extraños…- es decir, “los otros”. Más aún, las diferencias reales o percibidas entre los diferentes grupos se acentúan cuando, al mismo tiempo, las sociedades se ven enfrentadas a una fuerte competencia por fuentes de trabajo y por recursos naturales como el petróleo, el agua y la tierra, que cada vez se tornan más escasos.


Diariamente, en la televisión se muestran trágicas noticias sobre algún brote de violencia racial, étnica y religiosa en alguna parte del mundo - y no precisamente en el mundo primitivo o sub-desarrollado, como algunos llamarían a las regiones menos urbanizadas del Globo- sino en ciudades como París, Los Ángeles, Nueva York, África del Sur, Bagdad entre otras.


A su vez, blancos y negros se enfrentan violentamente en las calles de Los Ángeles, o en África del Sur, ofreciendo imágenes grotescas que tienen como telón de fondo los enfrentamientos milenarios que ocurren diariamente entre musulmanes y cristianos en el Medio Oriente.


Así mismo, hace unas décadas, en Yugoslavia, serbios y croatas se destrozaban por separar sus comunidades y sus destinos, otrora compartidos. Y en la Europa Occidental, cuna de la civilización moderna, grupos de jóvenes alemanes, franceses, y españoles se lanzaban contra los inmigrantes de países vecinos del sur, como Algeria y Turquía, que "tercermundizaban" sus ciudades, los apedreaban, quemaban sus barrios, y se volcaban con inusitada violencia contra gentes, cuyo gran pecado consistía en que no compartían con los habitantes locales ni el color de su piel, ni su cultura.


De igual manera, cruzando el Atlántico, en la gran cosmópolis de Nueva York, un hombre caribeño de piel oscura, empujado por la adversidad personal, llega hasta el extremo de percibir las diferencias de color como símbolo de odio racial e imperativo de exterminación, y procede a ametrallar a mansalva a ocho pasajeros en el tren subterráneo que se dirige a esa ciudad desde Long Island, causando consternación en toda la sociedad norteamericana y un nuevo episodio de angustiosas auto-incriminaciones y 'mea culpas' para muchos ciudadanos, sobre los conflictos raciales que aquejan a esa sociedad. Y es aquí donde algunos hacen pausa para recordar las palabras del poeta inglés John Donne, cuando hacía ver (en 1624) que todos compartimos un mismo destino: “Ningún hombre es una isla, separado y completo por sí mismo,… cada cual es una parte del continente, parte de una misma tierra” -(No man is an island entire upon himself…everyman is a piece of the continent, a part of the main.) (Donne, 1624).


En Costa Rica, la historia de las relaciones entre las diferentes culturas y razas que habitan su territorio presenta algunas páginas oscuras, cargadas de abuso y persecución contra la población indígena y contra los esclavos negros durante el período colonial. Después de la abolición de la esclavitud en 1821, el abuso y maltrato se extendió a los asiáticos que arribaron al país para trabajar en la construcción del ferrocarril, necesitado de mano de obra barata. Tanto los chinos como los negros sufrieron desde esos tiempos hasta mediados del siglo XX la imposición de leyes y decretos que pretendían limitar sus movimientos y su estadía en el país.


Sin duda, la mayoría de los costarricenses reclamaría que su sociedad no es racista; sin embargo, las minorías étnicas y raciales que viven actualmente en el país reconocen muy claramente, y así lo han denunciado, un sinnúmero de manifestaciones, algunas muy sutiles, de racismo y etnofobia que el ciudadano común no puede dejar pasar desapercibidas, menos en una sociedad que se precia de sus valores cristianos y de su respeto por los derechos humanos. Basta con referirse a algunas importantes obras históricas y literarias sobre los negros y los chinos durante la construcción del ferrocarril al Atlántico (Duncan y Meléndez ,1981; De La Cruz, 1984; Gutiérrez, 1981; Fallas, 1969); a la membresía de algunos prestigiosos clubes sociales de San José; y al lenguaje diario del hombre de la calle, cargado de chistes, estereotipos y clichés respecto a los polacos, los negros, los chinos, los nicas, y otros.


En este sentido, vale la pena recordar que en 1935 (Gaceta Oficial, 1935 II) se prohibió a los trabajadores negros de la Costa Atlántica viajar a la región pacífica del país a trabajar con la compañía bananera United Fruit Company, que se trasladaba a esa región; (prohibición que no impedía a la comunidad negra visitar y residir en San José, aunque existe la creencia popular de que era así). A pesar de su amplia experiencia en las plantaciones y ferrocarriles, y de su bien establecida presencia en el país, los trabajadores negros fueron obligados a permanecer en la Costa. No fue sino hasta 1950 que la población negra de la Costa Atlántica, aun habiendo nacido en el país, pudo solicitar al gobierno el reconocimiento legal de su nacionalidad costarricense y de su residencia en el país, (Gaceta Oficial, 1950, II).


Igualmente, durante esa época, en un país vecino se intentó extraditar a los comerciantes chinos, en lo que se llegó a conocer entre algunos líderes chinos de Limón como la "Revuelta Paiba" de 1943, que exigía a los comerciantes chinos del país a vender sus negocios al gobierno, pero el gobierno ni siquiera contaba con fondos para expropiarles los bienes que habían acumulado. Por esa razón, según cuentan los descendientes de los comerciantes involucrados, y en parte gracias a la vigilancia del cónsul chino en los EE UU y México, los gobiernos de Costa Rica y Panamá se vieron obligados a desistir en su intento. Cabe decir que el incidente mencionado fue solamente uno en una cadena de tales intentos promovidos por los gobiernos de países con migrantes chinos.


Más grave aún, y difícil de reconciliar con la imagen popular de una Costa Rica democrática, ha sido la situación de algunas comunidades indígenas que residen indistintamente a ambos lados de la frontera entre Costa Rica y Panamá, que, en lo que aparenta ser una situación de "olvido histórico" por parte del Estado, no obtuvieron su cédula de identidad sino hasta 1993, a pesar de ser ellos los primeros pobladores del territorio nacional, y de que sus culturas ofrecen un legado histórico de muy alto valor para la sociedad costarricense y la región.


Por lo tanto, es imprescindible superar las barreras sociales que se erigen sobre el miedo, la ignorancia y el falso orgullo, a través de un mayor conocimiento de las realidades sociales y culturales de los grupos que conviven en una sociedad. Es necesario conocer su historia y sus creencias, aprender acerca de sus conocimientos y costumbres, en la esperanza de poder apreciar, algún día, las vivencias históricas de otros, y valorar como un atractivo social, y un bien de toda la humanidad, las diferencias culturales y raciales. Así como valoramos la biodiversidad, debemos apreciar la diversidad cultural, por las oportunidades que nos brinda para conocernos mejor a nosotros mismos, así como para disfrutar de múltiples maneras la experiencia de vivir, y para experimentar con diversas formas de vida que le ofrecen a la sociedad y al planeta los diferentes modelos, estilos y medios de sobrevivencia de cada cultura. Conviene agregar que análogamente al “vigor híbrido” de la biología, que resulta en individuos cada vez más resilientes, las mezclas culturales producen sociedades más adaptables, más fuertes para enfrentar los cambios sociales, al mismo tiempo que permiten a los ciudadanos un margen más amplio de satisfacciones, como la variedad en las comidas internacionales, la música, el baile, y tantas otras tradiciones culturales.


Morton Fried agrega: “Si nos interesa la cultura, sus procesos y desarrollo, y las maneras en que los portadores de una cultura responden ante situaciones en las cuales su forma de ser debe verse alterada para que puedan sobrevivir y florecer, entonces vale la pena estudiar las comunidades chinas (de ultramar) por representar estas una fuente de gran riqueza adaptativa” (Fried, 1954, p. 55).


Estas consideraciones adquieren un valor trascendental ante los cambios imprevistos del futuro, algunos de los cuales, como el calentamiento global, se ciernen sobre el horizonte contemporáneo de todas las sociedades e indudablemente conllevan grandes cambios adaptativos. De no lograr una mayor comprensión del valor de la cultura, tendremos que aceptar como un hecho los pronósticos, cada día más preocupantes de algunos expertos, como el profesor Samuel Huntington de la Universidad de Harvard, quien opinaba unos años antes del acto terrorista de Setiembre 11, 2002 en Nueva York, que la amenaza más grande que se cierne sobre la estabilidad global la constituye el enfrentamiento entre las grandes regiones culturales del mundo: Occidente, Asia, y el Mundo Islámico, (Newsweek, Nov. 22, 1993).


1.3 EL VALOR DE LA CULTURA


Detrás del mostrador, en una tienda del barrio Los Corales de Puerto Limón, un hombre chino manipula rápidamente unas bolitas negras ensartadas dentro de una caja de madera- se trata de un ábaco chino, que en un tiempo se usó en las escuelas de Costa Rica para enseñar a los niños aritmética básica- el cual sostiene con la otra mano, mientras revisa la mercadería de un cliente.


En un abrir y cerrar de ojos, y sin titubear, el chino Yeng le indica al cliente el monto de su cuenta. Sus movimientos son tan rápidos que se hace difícil seguirlo y entender los cálculos que lleva a cabo, así es que me propongo volver al día siguiente con mi calculadora de bolsillo para compararla con su destreza usando el ábaco. Antes de retirarme le pido que me enseñe cómo maneja su pequeña calculadora y con vertiginosa rapidez repite algunas operaciones imposibles de seguir con la vista. Definitivamente, es tan rápido con su ábaco chino como un buen conocedor de una calculadora electrónica, de esas que abundan en los comercios en general.


Al igual que muchos otros comerciantes chinos en Costa Rica, el Sr. Con continúa usando la calculadora milenaria de las culturas de Asia, el ábaco que trajo del sur de China hace muchos años y que no ha pasado de moda para él. Este artefacto, bien usado, funciona igual o mejor que los aparatos modernos, pero no se daña fácilmente. Además, con mucho orgullo, don Yeng mantiene viva una parte de su cultura y de su pasado que aprendió de su padre, otro comerciante como él, originario del Imperio Celeste, como se auto-denominaba con imponencia histórica la República Popular China.


No lejos de ahí, en un barrio modesto de Limón, María, "la China", mira fijamente a través de la ventana de su pequeña pulpería, para que no la distraigan, y trata de repetir correctamente, sin mucho éxito, el número "catorce" ante un cliente. Recién llegada de Hong Kong, apenas conoce una veintena de números en español y los nombres de algunos artículos de pulpería. Pero eso no la asusta porque, junto con su esposo y dos niños, ya tiene un pequeño negocio para poder sobrevivir lejos de su tierra natal; pulpería que, en la experiencia de otros, crecerá hasta convertirse en una importante fuente de ingresos para la familia. Es curioso que María, una China joven, no hace uso de un ábaco para sumar la cuenta de sus clientes.


Igual que ellos, muchos otros inmigrantes en esta tierra de la Costa y otras "tierras prometidas" han pasado por la experiencia de tener que aprender los aspectos más elementales de una cultura totalmente desconocida para ellos. No obstante, años después, ya plenamente adaptados a la sociedad local, mantienen muy vivos y muy presentes los aspectos más importantes de la cultura de sus antepasados.



CAPÍTULO 2


LA COSTA ATLÁNTICA: CONTEXTO SOCIO-HISTÓRICO


La Costa Atlántica de Costa Rica es una región costera tropical que corresponde a la provincia de Limón- última de las siete provincias del país en ser poblada y establecida como unidad político-administrativa (1902). El territorio de la costa se ubica entre los grados 9’30 y 10’30 al norte del ecuador, dentro de las longitudes 82 °30’’ y 84°00”. Es, por lo tanto, una tierra caliente y húmeda de bosques lluviosos tropicales, con abundante precipitación que en algunas partes de la costa alcanza el extraordinario nivel de 5,466.mm anuales, particularmente en la zona norte (Servicio Meteorológico Nacional, Octubre, 1987).


La provincia limita con Nicaragua al norte y con Panamá al sur. Hacia el oeste, la provincia bordea la cordillera Central, que ubicada aproximadamente en el centro del país lo divide en partes iguales, y se extiende en dirección noroeste a sureste, convirtiéndose en la cordillera de Talamanca, limítrofe con Panamá. El límite este de la provincia es el mar Caribe, el cual presenta una costa regular, con pocas áreas de aguas profundas para el establecimiento de puertos de gran calado. Actualmente, la costa cuenta con dos puertos inter-oceánicos: el puerto de Limón (en la ciudad del mismo nombre) y el puerto de Moín, situado 4 kilómetros al norte del primero.


Hacia el norte del territorio, la provincia contiene grandes extensiones de bosques y pantanos de tierras bajas. Hasta años recientes, el único acceso a esta región era por medio de los canales de Tortuguero, canales artificiales que conectan lagunas naturales que ocurren en la desembocadura de los ríos de la región- Parismina, Matina, Tortuguero, Colorado y San Juan- y se ubican a lo largo de la costa, a veces apenas a unas decenas de metros de las aguas del Caribe, hasta la frontera con Nicaragua. Esta región también es conocida como las planicies de Tortuguero y Sarapiquí, y, actualmente, experimenta un rápido desarrollo debido a actividades productivas como la producción de banano, piña, y la cría de ganado de engorde, para la exportación. La región también ofrece oportunidades para el turismo de recreación y aventura, especialmente en la parte norte, donde se encuentra el parque nacional Tortuguero y la barra del río Colorado.


Hacia el sureste de Limón se encuentra la costa de Talamanca, que contiene amplias extensiones de tierras húmedas y planas donde se produce banano y cacao. Hacia el Oeste, a lo largo de la costa, se yerguen las estribaciones, montañas y cerros de Talamanca que forman la cordillera del mismo nombre, donde se encuentran las reservas indígenas de los grupos amerindios cabécar y bribrí, colectivamente conocidos como los indios de Talamanca (Gabb, 1875: Stone, 1962).


En tiempos precolombinos estos grupos compartieron el territorio de la costa con otros grupos destacados como los huétares, cuya impresionante producción de objetos socio-técnicos hechos de oro se relaciona directamente con las culturas tairona, quimbaya, sinú y chibcha de Colombia (Stone 1972:25; Ferrero 1975: 356-374).

Durante la época histórica, también estuvieron presentes en la región grupos de pescadores temporales (conocidos como zambos mosquitos) y pescadores afro-jamaiquinos (Fernández 1976: 399), los cuales se dedicaban principalmente a la pesca de tortuga (Palmer 1977: 35-42; Fernández Guardia 1974:53: Gabb 1981:66).


En la década de 1790, hispanos criollos y mestizos de la Meseta Central establecieron los primeros asentamientos blancos en la región de Matina, al norte del puerto de Limón, donde iniciaron la producción de cacao en tierras húmedas costeras, en plantaciones que eran atendidas por indígenas. El cacao era uno de los pocos productos exportables a través de los mercados regionales principalmente en Nicaragua. Anualmente los dueños de las plantaciones viajaban de Cartago a Matina para supervisar el trabajo, y, a menudo encontraban que la cosecha y sus trabajadores habían sido raptados por piratas caribeños -ingleses y misquitos- que se asentaban en la costa nicaragüense. Con el fin de proteger las plantaciones y los indígenas que las cuidaban, durante algunas décadas, fue necesario pagar tributo a los misquitos, y reconocer que eran dueños y señores de la costa desde cabo Gracias a Dios, hasta Bocas del Toro, en Panamá (Fernández Guardia, 1975: 205).


Eventualmente, se abandonó la producción de cacao debido al alto costo de transporte y a los impuestos reales alrededor de la década de 1820 (Colección de Leyes y Decretos, 1840, 1860) y la Costa volvió al olvido por parte de la población en los centros de gobierno, al igual que el resto de la costa Caribe de Centroamérica (Olien 1967:57-81). Las autoridades coloniales en Centroamérica, asentadas principalmente en la vertiente pacífica, desistieron de poblar y explotar la costa caribe del istmo, debido en gran parte a las dificultades climáticas, la difícil topografía de la región y la ausencia de caminos, y a la percepción colonial que se tenía del territorio como una tierra inhóspita, de tierras malas y pantanos plagados de fieras y enfermedades que no permitían poblarla.


Durante la segunda mitad del siglo XVIII, a medida que el café se convertía en el producto más importante del país y su exportación cobraba importancia, el gobierno inició la búsqueda de un puerto en la Costa que facilitara su exportación a Europa y a otros puntos en el hemisferio Atlántico. Para ese entonces, el único asentamiento que podría cumplir como fondeadero de barcos en la costa era la aldea de Moín, la cual, según un informe del agente de policía destacado allí, contenía en 1853 una población de 72 Misquitos y 21 blancos (Archivos Nacionales, Sección Historia, Serie I. No 8401:25).


Más adelante, en 1871, después de una serie de exploraciones en búsqueda de sitios y rutas desde la tierras altas del valle o Meseta Central hasta la Costa Atlántica (véase Colección de Leyes y Decretos 1839: 118, 130; 1865: 179), el gobierno decidió establecer un puerto en la costa en el sitio de El Limón, una aldea de pescadores negros compuesta por cinco chozas, ubicada al sur de las plantaciones de cacao de Matina, y aproximadamente unos 5 kilómetros sobre la costa al sur de Moín.


Ese mismo año, el gobierno contrató la construcción de un ferrocarril a la Costa Atlántica con los hermanos Keith, quienes habían construido el ferrocarril de Perú (Stewart 1967). La construcción se inició en 1871, en la Meseta Central y se completó en 1891 (Casey, 1979). Su construcción trajo a Costa Rica un gran número de trabajadores de Jamaica, China, Italia, y con ellos a otros inmigrantes de diferentes países que buscaban oportunidades económicas y tierra. A lo largo del período de su construcción, principalmente, cuando se intentó construir el segmento que conectaba las tierras altas con las tierras costeras, el país enfrentó problemas económicos que causaron importantes atrasos en la terminación del proyecto. Estos problemas condujeron al contrato Soto-Keith de 1884, el cual entregaba a Minor Cooper Keith un alto grado de autonomía en cuanto al manejo del ferrocarril (derechos de importación y concesiones tarifarias) y establecía las condiciones para el desarrollo de la producción bananera al ofrecerle a la compañía constructora en concesión, grandes extensiones de tierra – cerca de 800,000 acres (aproximadamente 324,000 hectáreas) de tierra libre a lo largo de la costa (Stewart 1967:53; Jones 1935:86). Esta autonomía relativa fue un factor importante que permitió que las empresas ferrocarrilera y subsecuentes compañías bananeras que se formaron, pudieran explotar los recursos de la Costa con relativa independencia e introdujeran mano de obra extranjera con mucha facilidad en la región.


De esta manera, anteponiéndose a las dificultades financieras que enfrentaba el proyecto de construcción, en 1872 M.C. Keith había introducido al país rizomas de banano traídos de Panamá y pronto empezó a exportar pequeñas cantidades del producto a Nueva Orleáns (Stewart 1967:162). La exportación de la fruta le permitió a Keith reponerse de algunas pérdidas financieras personales incurridas en la construcción del ferrocarril, y, más aún, condujo a que la producción de banano se convirtiera en una importante empresa: entre 1905 y 1917 el valor de la exportación de bananos fue superior a la del café, principal producto del país (Casey 1979:196), hasta que se difundió en las plantaciones el hongo conocido como la enfermedad de Panamá (“Panama Disease”: Fusarium oxysporum cubense), que afecta las raíces de la planta y que causó importante reducción en la producción. De tal manera, en 1927, la compañía United Fruit Company, principal productora de banano en la Costa, empezó a considerar el potencial de transferir sus operaciones a las tierras de la costa Pacífica de Costa Rica, consideradas más fértiles, y libres del hongo panameño. Mientras tanto, el declive en la producción causó una serie de crisis económicas y sociales, entre ellas varias huelgas de trabajadores (respecto a las huelgas, véase Bourgeois 1985, De La Cruz 1985, Acuña Ortega 1984, Duncan y Melendez 1981, Casey 1979, y Fallas 1934).


Hay que mencionar además que, en 1934 el gobierno de Costa Rica aprobó la transferencia de las producción bananera por parte de la United Fruit Company a la costa Pacífica, y al mismo tiempo promulgó una ley prohibiendo que los trabajadores negros trabajaran en dicha región y de esta manera se estableció una pauta legal para los antagonismos étnicos y raciales que ya existían en la sociedad costarricense y en la Costa Atlántica en particular (Ley No. 31, Gaceta Oficial, 1935, II: 490).


De tal modo, la desaparición virtual de la producción bananera en los primeros años de 1940 marcó el final de un período que había hecho de la Costa Atlántica de Costa Rica, con el puerto de Limón como su principal centro de población, una región de oportunidades económicas crecientes, y una situación demográfica muy dinámica. Dos grandes empresas habían dominado la vida socio-económica y política de la costa: la compañía Company, dos grandes organizaciones íntimamente ligadas entre sí, que constituyeron el eje histórico principal en la historia de la región durante la primera mitad del siglo XX. La orientación extranjera de las dos compañías (tanto en capital como en mano de obra), y el relativo aislamiento geo-político de la región, contribuyeron al establecimiento de un enclave multiétnico donde las tradiciones afro-caribeñas eran dominantes.


Además, la escasez de trabajadores en las tierras altas, y la aversión al clima y a otras condiciones ambientales negativas percibidas de la Costa, hizo necesario que ambas compañías importaran trabajadores negros de Jamaica, y en menor grado de otras partes del Caribe (St. Kitts, Nevis), quienes estaban mejor adaptados a las condiciones costeñas y en muchos casos estaban acostumbrados al trabajo en ferrocarriles y plantaciones. Igual o más importante aún, la población negra hablaba inglés, (Jamaica Standard English), el idioma de los constructores, ingenieros y administradores de las dos compañías. En efecto, la Costa Atlántica se convirtió en: “parte de un sistema de sociedades costeras e insulares en el Caribe Occidental, en el cual, el inglés era la lengua franca para una franja de población de 500,00 habitantes, que se extendía desde Honduras Británicas (actual Belice), hasta San Blas (región Cuna de Panamá), Jamaica, y la Isla de Pinos en Cuba (Bryce-Laporte 1981, Parsons 1954).


La orientación social y cultural de los jamaiquinos hacia su tierra natal se veía magnificada por su identificación con las empresas extranjeras, así como por el aislamiento de la Costa, y por las limitaciones sociales y legales que había impuesto sobre ellos la sociedad dominante de la capital. Por muchos años, los jamaiquinos mantuvieron vivas sus tradiciones, estableciendo escuelas donde la enseñanza se realizaba en el inglés de Jamaica, el cual enseñaban maestras y maestros originarios de ese país, y que trabajaban asociadas a las iglesias protestantes negras (Nelson, 1983:88; Duncan y Meléndez, 1981: 119, 128; Palmer 1977: 193).


Los inmigrantes chinos, quienes originalmente vinieron a la Costa a trabajar en el ferrocarril, también intentaron mantener sus tradiciones culturales, para lo cual establecieron una organización social conocida como el “club chino” (eventualmente sería la Asociación China de Limón), dos organizaciones relacionadas con la política de su tierra natal- el Kuomintang y el Chicuntong-, y dos clubes familiares reconocidos (representando a las familias Ching y Ng) y una escuela para niños chinos, dirigida por maestras y maestros chinos (1.), donde la enseñanza se conducía en cantonés, dialecto chino principal de la provincia de Cantón.


A lo largo de los años, particularmente durante las primeras décadas del siglo XX, un gran número de trabajadores, principalmente mestizos de Nicaragua y de las provincias de Guanacaste y Cartago, migraron persistentemente a la Costa (Casey 1979: 132- 237), pero solamente el estudio de Bourgois (1985), ha analizado su papel social en las plantaciones de la región. Entre 1892 y 1927, los negros fueron el grupo étnico más numeroso de Limón, pero ya en 1950 los hispanos blancos y mestizos los superaron en número. Los amerindios se mantuvieron como una minoría étnica, sin presencia organizada en el puerto de Limón. Bourgois, (op. cit.), examina la importancia de este grupo en la economía de la región en la zona sur de la Costa.


Cada grupo étnico sostenía un marcado etnocentrismo que se traducía en confrontaciones étnicas y raciales, crónicas de diferentes dimensiones sociales y en diversos puntos de la estructura social, relacionadas con los cambios socio-económicos y estructurales que iba experimentando la sociedad de la Costa a lo largo de su historia. Véase por ejemplo: Casey (1979), Olien (1967), y otras referencias citadas anteriormente sobre las relaciones laborales. Duncan y Meléndez (1981) describen los estereotipos y prejuicios que eran parte de las relaciones sociales entre negros y blancos en la Costa, y Bryce-Laporte (1962) identifica la persistencia de la cultura jamaiquina, mientras que Purcell (1982) analiza la desigualdad social, sus premisas ideológicas, y la naturaleza de las transacciones de valores entre los negros jamaiquinos de la región


A medida que el puerto de Limón crecía, se iba estableciendo una jerarquía social en la cual los contratistas, constructores, administradores, mecánicos y otros técnicos extranjeros de la compañía del ferrocarril, y de la compañía bananera, ocupaban el rango social más alto junto con las autoridades hispanas de más alto nivel, que representaban al gobierno y el estado en la Costa (Véase Limon Directory, apéndice). Los negros jamaiquinos y de otras islas caribeñas, a la par de los trabajadores de origen hispano, formaban la fuerza laboral, ocupando el rango más bajo. Sin embargo, por muchos años, los negros que ocupaban puestos de mando en las compañías extranjeras, por ejemplo como capataces de plantación, se ubicaron en una posición intermedia en la estructura, junto a los profesionales y técnicos blancos y mestizos. Desde que se estableció el puerto hasta la década de 1940, la cultura de los negros jamaiquinos era dominante en la comunidad de la Costa y este grupo tendía a ubicarse por encima de la clase trabajadora hispana (trabajadores originarios del valle Central, de Nicaragua, Panamá y, en menor cuantía, de otros países de la región) que eran vistos como advenedizos y recién llegados que no tenían ninguna lealtad para con los patrones extranjeros del ferrocarril y las plantaciones. Estas diferencias se hicieron notables durante la huelga de los trabajadores de 1934, en la cual, a diferencia de los trabajadores negros, los blancos adversaron fuertemente a la compañía bananera (Fallas, 1934).


Eventualmente, después de muchos años de trabajo leal para las compañías extranjeras, los trabajadores negros se convirtieron de facto en pequeños productores de banano y cacao cuando la compañía bananera les transfirió el derecho a pequeñas parcelas de tierra a lo largo de la línea férrea y la costa. De esta manera, muchos de los blancos de la Meseta que emigraron a la Costa en busca de tierras y trabajo, terminaron laborando para patrones negros, pequeños productores dueños de parcelas en la Costa. Por lo tanto, en algunas áreas rurales de Limón, los negros ocuparon una posición relativamente más alta que los blancos en la estructura social, mientras que muy pocos negros trabajaron para pequeños productores agrícolas hispanos (Duncan y Meléndez 1981:140; Bryce-Laporte 1962: Cap. 6). En los años 1970 y posteriormente, este patrón estructural cambiaría.


La industria y el comercio en Limón estuvieron en manos, principalmente, de una diversidad de inmigrantes extranjeros, entre ellos un número importante de inmigrantes chinos, dedicados a actividades comerciales. Los servicios profesionales eran responsabilidad de médicos y abogados de la Meseta Central, pero la compañía bananera contaba con sus propios médicos norteamericanos y algunos técnicos negros que habían sido educados en Jamaica y quienes asistían a la población negra con la salud, (2.)


Puesto que la población de la Costa fue por muchos años predominantemente negra, los líderes religiosos jamaiquinos y los maestros negros jugaban un papel muy importante en el desarrollo social de la región, ocupando una posición muy importante entre la clase media de la jerarquía social. No obstante, su papel en el desarrollo de la Costa solamente ha sido reconocido, parcialmente, por el trabajo de Duncan (1981) y Palmer (1977). La iglesia católica, por muchos años una minoría, fue persistentemente dirigida por religiosos alemanes, al igual que en la Costa Caribe de Nicaragua, donde por muchos años existió una presencia importante de misioneros alemanes de la iglesia morava.


Por otro lado, la primera escuela de enseñanza en español fue establecida en 1877, pero durante muchos años las autoridades de la Meseta expresaron repetidas veces su preocupación por el hecho de que el idioma dominante en la Costa era el inglés. Aún en 1950, la población negra de Limón reconocía el inglés como su lengua materna (Censo de 1950, Dirección General de Estadística y Censos, 1950).


Para ese entonces, los dos principales grupos étnicos en Limón y en otras comunidades costeras, además de la sociedad hispana, eran los negros y los chinos, quienes mantuvieron una presencia organizada principalmente en Limón, a través de un número de instituciones culturales que reflejaban su orientación hacia su tierra y la cultura madre. Aunque originalmente cada grupo había llegado a la Costa con el propósito expreso de acumular capital para regresar a su tierra natal, al paso de los años y a medida que los inmigrantes se adaptaban a la vida en su nueva tierra, los sueños de regresar se iban borrando. Para los negros, el retorno a Jamaica no era tan deseable en vista de la pobreza crónica que azotaba a la isla (Duncan y Meléndez 1981: 62-68), pero su subsistencia económica y como grupo étnico estaba basada en los altibajos de la producción bananera y la fortuna de las dos grandes empresas que los habían traído a la Costa. A medida que estas compañías perdían poder, los negros tuvieron que buscar medios alternativos de subsistencia como la pequeña producción agrícola. Sin embargo, la fuerte lealtad de los negros al sistema colonial británico era un impedimento aparente a su proceso de asimilación a la sociedad hispana. De hecho, es evidente que este grupo alcanzó un mayor grado de adaptación que de asimilación hasta la década de los años 1930 (Bryce Laporte 1962).


Los chinos también mantuvieron una orientación cultural hacia su tierra natal, lo cual les fue facilitado en parte por su relativa independencia de las estructuras locales, debido a su casi exclusiva dedicación a actividades comerciales de pequeña escala, i.e. el comercio detallista. Entre las primeras generaciones de inmigrantes chinos, muchos regresaron a China una vez que acumularon el capital correspondiente, mientras que otros paisanos los remplazaban en sus negocios, posiblemente con la misma intención de regresar a su pueblo original algún día en su vejez y disfrutar del aprecio que la cultura china ofrendaba a los viejos. Sin embargo, el éxito en los negocios y el establecimiento de familias con mujeres hispanas condujo a que muchos chinos hicieran de la Costa su hogar permanente. Algunos comerciantes chinos convirtieron su éxito en el comercio detallista en diversificación económica, desarrollando fincas lecheras y ganaderas, como fue el caso del famoso comerciante limonense Juan José León Yee, quien fuera muy reconocido por sus contribuciones a la educación y al bienestar de la población local (3.). Posteriormente, la revolución de 1949 en China finalmente hizo que para muchos la esperanza de regresar a la tierra natal para jubilarse se convirtiera en un sueño lejano.


Por otra parte, debido a su involucramiento casi exclusivamente en el comercio en pequeña escala, los chinos estaban comparativamente más aislados socialmente que los negros y la población mestiza de los vaivenes macro-económicos, y, como tal, se mantuvieron como espectadores pasivos de las crisis económicas y sociales que experimentó la Costa con la producción bananera. Inicialmente, se vieron forzados mínimamente a adaptarse aprendiendo el español local y algo de la variante limonense del Jamaican Standard English, conocida entonces como “Mekatelyu”. Las generaciones de inmigrantes chinos que crecieron en Limón, sin embargo, asistieron a las escuelas y colegios locales y rápidamente se asimilaron a la sociedad hispana local, al mismo tiempo que retenían una preferencia por algunas tradiciones culturales chinas, principalmente aquellas que se relacionan con valores familiares, organización social y el arte culinario de su tierra.


De acuerdo con el registro de matrimonios civiles de Limón (Municipalidad de Limón, 1905 a 1985) pocos chinos formalizaron uniones con parejas blancas o negras de la comunidad, guiándose por el adagio “cada oveja con su pareja” que según una inmigrante china, era el pensamiento de la comunidad china respecto a matrimonios con personas de otras razas. Sin embargo, aparentemente, para las primeras generaciones de inmigrantes chinos, las uniones consensuales con mujeres locales fueron comunes y los descendientes de tales uniones- conocidos como “cruzados”, constituyen el grupo que más se ha asimilado a la cultura local de la colonia china en la Costa. Los negros se mezclaron más fácilmente con la población hispana, particularmente desde la década de 1950: de 1955 a 1985, del número total de matrimonios civiles en Limón, el porcentaje de uniones de negros con blancos oscilaba aproximadamente entre 5.2 y 8.9 porciento, de acuerdo con un estudio aproximativo del registro mencionado anteriormente realizado por el autor.


Similarmente, la tendencia a asimilarse a la sociedad nacional, percibida como la sociedad de la Meseta Central, también es observable en la tasa de nacionalización de un grupo particular sobre un período de tiempo, aun cuando las decisiones individuales al respecto pueden estar sujetas a un número de factores, tales como la imposibilidad de retornar a la tierra natal, que no necesariamente reflejan una decisión consciente de buscar asimilación a la sociedad local. Los censos de 1963 y 1973 (Dirección General de Estadística y Censos) recogen una tasa diferencial de nacionalizaciones para los chinos y los negros, según la cual estos últimos retenían su nacionalidad en mayor proporción. Las razones que explican estas diferencias no son fácilmente aparentes, dado que la nacionalización era una opción legal para los jamaiquinos a partir de los comienzos de la década de 1950.


El proceso de adaptación de los inmigrantes negros y chinos es evidente hasta la década de 1950, cuando ocurren varios cambios en las estructuras sociales de la Costa y el país. Para algunos autores los primeros años de la década marcan el inicio de un nuevo período socio-económico para la sociedad de la Costa Atlántica (Casey 1979:276-305; Palmer1977:251; Cassassas y Osorio, 1977:15-17). El evento histórico más importante es la Revolución de 1948, la cual inicia un importante número de cambios que afectan principalmente los procesos de asimilación de la sociedad negra a la sociedad nacional. En 1949, los fundadores de la Segunda República (Junta Fundadora de la Segunda República, liderada por José Figueres Ferrer) abolió la ley #31 de Diciembre de 1934, la cual había establecido que los trabajadores negros no podían trabajar en la costa Pacífica del país, y, por extensión, en las tierras altas del valle Central (Gaceta Oficial 1950, II, 2: 677-678). Ese mismo año se aprobó el derecho de los residentes negros en la Costa Atlántica de solicitar ciudadanía costarricense, y se nombró un diputado negro en el Congreso Nacional (Duncan y Meléndez 1981: 135-136). Desde entonces la participación negra en la política nacional ha ido en aumento (véase, por ejemplo, Fernández, 1977).


También se dieron importantes cambios en el sistema educativo. Hasta el año 1951 la provincia de Limón contaba con cinco escuelas primarias oficiales solamente, pero ya en 1960 el número había aumentado a 83 escuelas primarias y 1 escuela secundaria (Bryce-Laporte 1981: 236).


El factor más importante que afectó la asimilación de la comunidad china a la sociedad hispánica fue la maduración de varias generaciones de niños que habían nacido y crecido en la Costa en una sociedad cada vez más hispanizada. Los niños que eran hijos de parejas mixtas (invariablemente varón chino con mujer hispana), jugaron un papel central en la asimilación, al asumir naturalmente la cultura materna, aun cuando no se les puede ubicar en una única generación.


En 1956, se reactivó la producción bananera en la Costa y la exploración petrolera se incorporó al optimismo cauteloso dentro de la perspectiva económica de la región, que presagiaba un nuevo período de desarrollo económico y social. La autoridad portuaria Junta Administrativa para el Desarrollo de la Vertiente Atlántica (JAPDEVA) fue creada en 1963 como parte de un gran esfuerzo estatal por introducir la planificación regional en la Costa y establecer control centralizado de los recursos sociales y naturales. La planificación estatal también introdujo varios importantes asentamientos agrícolas, principalmente para campesinos hispanos sin tierra, y, al mismo tiempo, los territorios en la región norte de la provincia empezaron a ser desarrollados para la producción agrícola. Otro desarrollo importante lo constituyó el establecimiento de la Refinería Costarricense de Petróleo (RECOPE) en 1972.


Un par de décadas después, en 1976, el interés creciente en la Costa y sus recursos condujo a la construcción de una carretera rural que conecta un número de pueblos de las tierras altas con Limón. Similarmente, los caminos en la región de Talamanca fueron mejorados, y los canales de Tortuguero fueron ampliados y extendidos para permitir un mayor acceso a la región costera del norte.


Un tiempo después, en 1986 el acceso a las tierras bajas de la vertiente Atlántica del país desde el valle Central mejoró al construirse una moderna carretera que ofrece una ruta alterna más rápida que la anterior y que comunica además con las tierras bajas del Atlántico, al norte de la cordillera Central del país.

Más adelante, el creciente interés o atención que expresan el estado y la empresa privada en la Costa desde mitades de la década de 1970, está directamente relacionado con el potencial de la Costa a la cultura nacional. La eliminación de barreras legales, así como el acceso mejorado, ha conducido a una migración continua de población negra a los centros urbanos en las tierras altas, principalmente a la ciudad capital de San José. Similarmente, los intereses económicos de las tierras altas han venido extendiéndose hacia la Costa, donde compiten en la economía regional.


En 1972 Bryce-Laporte había notado que se estaban dando cambios importantes en las comunidades más Jamaiquinas de la Costa: los Negros Caribeños estaban fomentando el asentamiento de hispanos entre ellos, y el acuerdo tácito que existía previamente entre ellos de no vender tierra a inmigrantes de la Meseta Central, no se aplicaba más. También era notable la ausencia de una generación de jóvenes que había emigrado a los Estados Unidos, e internamente a San José y a la ciudad de Limón, (Duncan y Meléndez 1981:244). En alguna medida esta situación se da también en otras comunidades de la Costa, creando preocupación entre los residentes más viejos acerca del futuro de sus comunidades, cuya composición demográfica está envejeciendo sin remplazo.


A la largo de la costa de Talamanca, se han presentado cambios importantes a medida que esta región se convierte en objeto de programas estatales y el interés de las empresas privadas. En 1987 se instaló la electricidad en la comunidad de Puerto Viejo (Old Harbour), y en breve se notaron importantes cambios en la vida social, en la medida en que la televisión y los artefactos eléctricos se convirtieron en parte de la vida cotidiana en la mayoría de los hogares.


El control de las áreas costeras por parte del gobierno y los municipios, y el establecimiento de parques nacionales y otras áreas protegidas en la Costa han afectado los medios de subsistencia y los estilos de vida de muchos habitantes costeros. Esto, a su vez, ha aumentado la desconfianza persistente entre la población acerca de los motivos que tienen las autoridades y otros agentes externos, y acerca de los beneficios que estos procesos de “modernización” pueden traer a la comunidad, particularmente cuando estos procesos vienen acompañados de intereses económicos externos (Palmer 1977:319-340).

Por otro lado, la desatención benigna que han sufrido, en general, las comunidades de la Costa, ha conllevado múltiples problemas, entre los cuales se destaca la destrucción de recursos naturales por falta de planificación y previsión, debido al sobreuso y a la contaminación; situación que ha conducido a una amplia preocupación social y la intervención por parte del gobierno y representantes externos a la comunidad, lo cual ha provocado resentimiento y resistencia por parte de la población local.


En las llanuras de la región norte, ocupada recientemente más que todo por blancos de las tierras altas, la ganadería para producción de carne se extendió durante varias décadas, resultando en la destrucción de vastas zonas de bosques vírgenes, con la consecuente destrucción de especies nativas de flora y fauna, todo lo cual se sumó a la preocupación general sobre la creciente deforestación que sufría el país.


Actualmente, la Costa Atlántica enfrenta una situación crónica de desempleo y pobreza que conducen a la multiplicación de actividades económicas informales, tales como la lotería (ilegal) de Limón, y el contrabando de mercancías a lo largo de la frontera con Panamá. La mayoría de las actividades económicas se centran en el área de servicios portuarios, por lo tanto las oportunidades de trabajo son mayores en los puertos de Limón y Moín (JAPDEVA-AID, 1982).


La costa atlántica continúa siendo vista por la población de las tierras altas como una especie de área cultural foránea dentro de Costa Rica, principalmente por la fuerte presencia de una comunidad negra que se identifica y celebra su cultura afro-caribeña. Los hispanos de otras regiones del país poseen una serie de creencias y estereotipos acerca de la sociedad de Limón, tales como que los negros constituyen la mayoría de la población de Limón, o que la mayoría de la gente en la costa habla algún tipo de dialecto del inglés. De hecho, existe una gran diversidad cultural en la región que se basa en la mezcla de tradiciones negras del Caribe, (principalmente Jamaica), hispánicas de la población blanca-mestiza de la Meseta Central y países vecinos, indígenas, principalmente de Talamanca, y, en menor grado tradición china; tradiciones que se mezclan vivazmente en lo que se conoce como “la cultura de Limón”, y que hace que la sociedad meseteña y de la costa pacífica perciba la sociedad de Limón como algo aparte del resto del país.


Algunos de los aspectos más aparentes de esta cultura pueden ser el estilo relajado, tranquilo, que fija el ritmo de la vida social en la Costa para negros, blancos y mulatos por igual; una sencilla pero variada cocina que mezcla alimentos básicos de tierras altas y costeras con especies y métodos culinarios del Caribe, tales como el plato emblema de la región: “raisanbin”, que se prepara con leche de coco y se refuerza con chile panameño; o el ritual y liturgia de las iglesias protestantes negras que ocasionalmente se puede observar en las calles de Limón frente a los numerosos establecimientos comerciales chinos; y el conocido carnaval de Limón, que es una tradición caribeña, traída a Costa Rica desde Panamá por el célebre Mr. Alfred King. Estas son algunas de las manifestaciones del kaleidoscopio cultural que es la Costa Atlántica de Costa Rica.


NOTAS AL FINAL DEL CAPÍTULO -

(1.) En 1950 la “Escuelita China” estuvo activa y una de sus maestras fue la Sra. Elena Leon. Asistía a la comunidad como escríbano el Sr. Manuel Jiménez (Pin kun), quien era experto escritor de la lengua cantonesa y era el encargado de las comunicaciones formales de la Asociación China de Limón. (Entrevistas E. Leon, M. Jiménez; 1986).

(2.) Entre los más conocidos y respetados médicos negros estaba el Dr. Arthur Sutton, con conocimientos en medicina obtenidos en Jamaica. El Dr. Sutton recetaba medicina natural a la población limonense. Junto a él trabajaban los doctores McCrea y Bendaña.

(Entrevista V. Sutton, 1986).

(3.) Una aula del Colegio Técnico de Limón lleva el nombre del comerciante chino Juan José León Yee, en reconocimiento a sus contribuciones al colegio y a otros proyectos de la comunidad limonense. Otros chinos de las familias Acón, León, Lam, Xing también han recibido reconocimientos por contribuir con las escuelas, colegios, campos deportivos, y otras iniciativas sociales locales.


CAPÍTULO 3

3.1 ORÍGENES Y ANTECEDENTES DE LOS INMIGRANTES CHINOS

La gran mayoría de los inmigrantes chinos que se asentaron en Costa Rica durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, provenía de la provincia de Cantón, en el sur de China. Similarmente, muchos de los inmigrantes en otras partes de América eran originarios del sur de China (ver B.L. Sung, 1967; Pérez de la Riva, 1978; Chou, 2002).


La pobreza extrema en el sur de China, aunada a otras circunstancias históricas, permiten entender las migraciones masivas que se originaron en esa región hacia las costas y los puertos del sur de China, y, eventualmente, hacia diferentes regiones de América. Basta con saber que durante la segunda mitad del siglo XIX, en las provincias de Cantón y Fukién, las expectativas de vida al nacer se situaban entre los 18 y 20 años, para empezar a comprender el porqué de la migración masiva que se dio hacia el continente americano.


Complementariamente, existía en América una gran necesidad de mano de obra, particularmente en las regiones en desarrollo, tanto en los Estados Unidos como en América Latina, y, esto constituyó el factor de atracción que llevó a miles de hombres jóvenes chinos a dejar su tierra con rumbo desconocido.


Aun cuando la civilización china ha existido sin interrupción por varios milenios antes de la era cristiana, los historiadores definen un período histórico moderno que se inicia con la primera guerra del Opio en 1840 y termina con la fundación del Partido Comunista Chino en 1919, (Chesneaux et al, 1976). La característica principal de este período consiste en la introducción de elementos culturales del Occidente en la sociedad y culturas chinas, y es durante el mismo cuando se originan las condiciones socio-históricas que darán pie a las grandes migraciones.


3.2 CHINA DURANTE EL SIGLO DIECINUEVE


La historia de China durante el siglo XIX nos permite comprender las condiciones sociales que condujeron a la gran migración de chinos a las Américas durante la segunda mitad de ese siglo y subsecuentemente. A continuación se presenta una síntesis histórica breve que se basa en el trabajo de Chesneaux et al (1976), Sung (1967), Chai y Chai (1962), Texeira (1962), Chang Rodríguez (1958), y Granet (1959).


En 1840, China era el país más grande del mundo, con un territorio que ocupaba más de nueve millones de kilómetros cuadrados, (extensión actual de la República Popular China), con una población que alcanzaba los 410 millones de personas, según los registros oficiales de la época. El Imperio chino y las culturas que se formaron dentro de su territorio, eran percibidos en aquel entonces como sociedades muy diferentes a la cultura occidental (Europa occidental y sus colonias); percepción que se basaba en un contacto muy limitado entre Europa y Asia. La sociedad china manifestaba también una conciencia clara sobre su carácter especial como sociedad, reclamando para sí el ser el “centro de la civilización” humana y considerando a los que no eran chinos como “bárbaros”. No sobra decir que esta expresión de etnocentrismo ha sido un fenómeno común entre la mayoría de las sociedades tradicionales.

Una de las características más prominentes de la civilización china ha sido su existencia sin interrupción durante varios milenios; longevidad que le ha permitido a la sociedad china desarrollar, seleccionar e integrar los diferentes elementos de sus sistema cultural – valores, normas y tradiciones- en una compleja estructura social, de tal manera que el devenir social y los cambios en el sistema social ocurren sin destruir las estructuras sociales existentes, permitiendo la continuidad de la sociedad y su cultura. El resultado ha sido un sistema coherente y altamente elaborado de principios morales y filosóficos, basados en un pragmatismo social desarrollado a lo largo de miles de años de interacción social, el cual se personificó en la enseñanzas de un número de figuras históricas, entre las que destaca el maestro Confucio (550 A.C.) y su discípulo Mencius (Wilson, 1982).


Un aspecto básico de la cosmovisión acumulada a través de los años en la cultura china es la concepción unitaria de la sociedad y el mundo natural, que se expresa en una complejidad de relaciones entre los elementos naturales (madera, fuego, tierra, metal, agua) y los puntos del compás (Norte, Sur, Este, Oeste y Centro), los colores, sabores y las virtudes humanas (Chesneaux et al, 1976). De particular importancia son las relaciones entre las cosas, más que su esencia (Granet, 1959). La vida social en sí se define en términos de 5 relaciones que son elementos nodulares de la estructura social: la relación entre el emperador y el individuo, el padre y el hijo, el esposo y la esposa, el hermano mayor y el hermano menor, y el amigo con el amigo. Su importancia estriba en que cada una de estas díadas, conlleva obligaciones morales, deberes y derechos que expresan valores fundamentales de la sociedad. La relación de superior a subordinado que está implícita en cada una de las relaciones se reconoce como la afirmación histórica de tradiciones que se desarrollan alrededor del valor de la sabiduría que se acumula con la edad, o el paso del tiempo, cuya principal expresión cultural es el “culto –o veneración- a los antepasados”.


En estas relaciones, así como en otros asuntos sociales, la búsqueda u objetivo primordial es la armonía: la búsqueda de un equilibrio producto del cumplimiento con las responsabilidades y obligaciones en todos los niveles de interacción social, tal como son definidas por las normas sociales del momento. El espíritu fundamental de la cultura china, dice Chai, “era el sentido de unidad…que combinaba el arte, la religión, la filosofía, la literatura, así como las instituciones políticas y sociales. La armonía como valor fundamental permeaba todos los aspectos de la vida social: se encontraba en el arte y la caligrafía y, más importante aún, en asuntos políticos. La unidad estaba contenida en dos perspectivas generales o dos puntos de vista fundamentales: una concepción cósmica y una actitud ante la vida. En lo cósmico, un todo continuo, como una cadena de secuencias naturales. Y, ante la vida, una actitud básica de unión del individuo con el todo. (Chai y Chai 1962: 29).


Los asuntos políticos y otros aspectos de la vida social eran influenciados muy directamente por el principio de la armonía: un buen soberano no actuaba directamente en los asuntos sociales de su nación, escogiendo mantener la armonía social, y una población insatisfecha, a su vez, no actuaba directamente contra su gobernante, hasta tanto no se manifestaran una serie de fenómenos naturales y sociales que hicieran claro que el momento era el correcto, y que el gobernante había perdido el apoyo de las fuerzas naturales y sociales (un “mandato superior”) como líder de su nación.


El principal protagonista, epítome de este esquema filosófico y moral, era el emperador, considerado como “el hijo de los cielos”, quien representaba físicamente la relación entre la sociedad y el mundo natural. La China Imperial le debía al pensamiento de Confucio el haber formulado un sistema ético-político en el cual el emperador fijaba el ejemplo de la perfección moral (Chai y Chai, op.cit.). Simbólicamente, y en muchas de sus responsabilidades concretas, el gobernante era un mediador entre los cielos y la tierra, cuya autoridad estaba basada en el principio de “el mandato del cielo” (tianming). Sobre la base de una visión pragmática característica de la cultura, el mandato del gobernante estaba unido al orden natural y social. La discontinuidad del mandato, y, por ende, la legitimación de la rebelión popular, se basaba en señales de los cielos y manifestaciones naturales, por ejemplo catástrofes climáticas, así como en el descontento popular y la incompetencia de las instituciones públicas. Esta justificación de la rebelión popular y la remoción de un soberano, incorporada como estaba a una visión más amplia del devenir natural y el discurso histórico de la sociedad, perpetuaba la continuidad del sistema cultural.


La filosofía confuciana ofrecía una base moral para la ejecución de obligaciones públicas. Un buen oficial del servicio civil era uno que se abstuviera de intervenir directamente en los procesos sociales. En lugar de eso, era de gran importancia para el funcionario conocer muy bien los preceptos morales de su sociedad, ser de buen carácter moral, y ser capaz de sacar conclusiones de la experiencia pasada. El pasado, de hecho, ofrecía legitimidad a las instituciones presentes y, por lo tanto, los líderes políticos debían conocer la literatura china y otros clásicos (Granet, 1959). Los muy reconocidos exámenes imperiales que tenían que superar los candidatos a funcionarios públicos, hacían énfasis en las tradiciones clásicas y las obras filosóficas chinas. Por lo tanto, el servicio civil ejemplificaba la relación directa entre el conocimiento, la moralidad y el poder en la sociedad.


Claramente, las leyes en China fueron formuladas de manera consistente con el pragmatismo confuciano. El objetivo del discurso legal era el restablecimiento de la armonía entre las partes involucradas, a través de un compromiso razonable basado en situaciones concretas, no en la aplicación de principios absolutos. El énfasis general era la promoción del bienestar social, y en menor grado los derechos individuales: dominaba el espíritu de la conciliación. Al respecto, el castigo era a menudo una expresión del restablecimiento simbólico de la armonía social, dirigido tanto a reforzar las tradiciones entre los miembros de la sociedad, como a corregir algún mal. La naturaleza práctica y orientada por la tradición del derecho legal en la sociedad china, descansaba en las organizaciones de mayores, o ancianos, que dictaminaban sobre problemas legales a nivel de aldea, pueblo, clan y gremios artesanales.


Las relaciones entre China y otros países eran una extensión lógica directa de la filosofía política que ubicaba al imperio chino en el centro del mundo civilizado. Fuera de los dominios imperiales se encontraban las sociedades de “bárbaros” y naciones no civilizadas con las cuáles el Imperio no sostenía relaciones formales; estas estaban a cargo de oficiales locales. Como consecuencia, y en aplicación de la doctrina de la acción indirecta, el Imperio aplicaba control indirecto fuera de su territorio, usando una nación “bárbara” para controlar a otra, evitando cuanto fuera posible las relaciones directas, y manteniendo una actitud de aislamiento con los vecinos.


En cuanto a la educación en China, esta se basaba en las enseñanzas fundamentalmente de Confucio y Mencius, relativas a la bondad natural del ser humano y a su responsabilidad moral de mantener la armonía con el orden establecido. Por medio del cumplimiento de las obligaciones propias de las cinco relaciones básicas mencionadas anteriormente, un individuo cumplía con sus obligaciones morales. Los valores sociales esenciales tenían como base las siete virtudes propuestas por Confucio: piedad filial, integridad moral, frugalidad, deferencia, autocontrol, lealtad a los superiores, y bondad hacia los inferiores.


La filosofía de Confucio era un sistema de pensamiento moral y político que ofrecía las bases filosóficas para el ordenamiento social, y que hacía poca referencia a aspectos religiosos de la vida. Confucio mismo había rehusado discutir asuntos sobre la vida más allá de la muerte, observando: “¿Si ni siquiera podemos saber lo suficiente sobre los hombres, cómo podemos conocer a los espíritus?” (Wilson 1982: 3). Si bien, el pensamiento confucionista no intenta referirse a temas metafísicos, tanto el taoísmo como el budismo asumen un papel importante en ese aspecto, y, como resultado, una herencia directa del budismo parece ser el culto a los antepasados, y el culto a figuras religiosas en las organizaciones y gremios artesanales.


Más aún, China durante el siglo XIX era una sociedad fundamentalmente agrícola que elaboró conceptos del tiempo relacionados con las tradiciones cíclicas de la agricultura, los cuales se originan en el pasado inmemorial. En este sentido, las experiencias pasadas adquirían una dimensión pre-eminente en la determinación de la conducta moral y política, reforzando la necesidad de que los servidores públicos contaran con un conocimiento amplio sobre las tradi