Cuentos Chinos - Don Jorge Chang y la primera bicicleta en Nicoya

Escrito por Danilo Chong Kan ChanD


Don Jorge llegó a vivir a Nicoya a principios de los años 20’s. Tenía unos 16 años, hijo de don Jaime Chang, el segundo chino en establecerse en el pueblo después de don Andrés Sanchun. Su padre llegó en 1913, dejándolo muy niño en China. Grande fue su sorpresa de encontrar a tres hermanos menores, hijos de una nicoyana: Montemar, Félix y Waddy Obando, hermanos menores de Olga, Nazira y Fuet Ayales Obando. Sus hermanos eran hijos de una señora viuda de un libanés. Adolescente, solo, con poco español, se aburría mucho. Recordaba su vida en China y añoraba su bicicleta. Y un día se la pidió, a su padre. —Papá... quiero una bicicleta —le dijo. Su padre no le respondía nada, ni le prestaba atención. —Padre... ¡quiero una bicicleta! —y don Jaime nunca respondía. Pasaron semanas, de ruegos y silencios como respuesta. Transcurridos unos meses, llegó al negocio, una caja grande de madera. El corazón le dio un vuelco, y, enseguida supo de su contenido. Era un sábado por la mañana. Comenzó a desarmar la caja, ordenó las piezas y la armó. Negra y grande. Su padre, le miraba de reojo, complacido de la alegría de su hijo. —Después del almuerzo, puedes sacarla —Ale ordenó. Hacia las 2 p.m., el muchacho salió con la bicicleta. El escándalo y la algarabía fue instantánea. En Nicoya, nunca habían visto una cosa como esta. El Chino pedaleaba ¡y no se caía!... ¡en dos ruedas! Un tropel de gente, -niños y adultos-, le seguían, alborotados. Y pasaron los minutos de libertad y alegría. Eran pocas las calles, daba vueltas por el centro. Tomó la bajada que corría de su casa hacia el río -por donde está hoy el templo evangélico- muy rápido. De pronto, y de la nada, ¡apareció una gran chancha! El golpazo fue inevitable. Voló por los aires y cayó aparatosamente. ¡¿Y su bicicleta?! Con el marco quebrado y el aro doblado... Menos de 2 horas le duró su alegría.... Su padre no le dijo nada... pero sabía que no había repuestos. Colgó el marco en su casa. Y no se atrevió a pedir más... Don Jorge creció, se casó, y llegó a ser un hombre muy rico. Tuvo una buena familia y fue muy apreciado por los nicoyanos. Esta anécdota me la contó, ya viejo y muerto de la risa...

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