Solidaridad caracterizó emigración china en Mansión de Nicoya

Nota redactada por Tatiana Gutiérrez Wa-chong


Su padre vino al país en una travesía que duró cuatro o cinco meses

Conozca la historia contada por Luis Alí Wong



Ayudar a los emigrantes chinos que llegaban a Mansión de Nicoya, en Guanacaste y brindarles una ayuda financiera para que pudieran comenzar a emprender, era el objetivo de una agrupación a la que pertenecía mi padre Luis Alí Barrantes, contó Luis Alí Wong, al recordar sus tiempos de infancia.   


En esos años (40-50), recuerda, los chinos eran muy solidarios con los que venían a Costa Rica, sin dinero y sin saber español, entonces esta asociación le daba préstamos, era como una financiera, tenían que emprender e ir abonando conforme su negocio iba creciendo.

“Así mi padre, se hizo de buenos amigos, todos los que venían eran gente de bien, emprendedores y trabajadores, nadie ingresaba a este país hacer daño”, narró.

Alí no recuerda cuando su padre llegó  a Costa Rica, únicamente sabe que lo trajo su abuelo materno a Puntarenas porque tenía una panadería. 

Luis Alí Wong detrás la estatua de Antonio Maceo, el general cubano que llego al pueblo de Nicoya a colonizarlo con 80 familias desde Cuba.  Cortesía Luis Alí Wong


En ese tiempo, China era un país pobre y la gente emigraba para buscar un futuro mejor.  

“Mi papá venía de Cantón y estaba casado allá, la travesía tardó como cuatro o cinco meses y mi papá vino a ayudarle a mi abuelo con el negocio.   Mi mamá: Alicia Wong Chan,  se quedó en China y era maestra, pero cuando se dio la invasión de los japoneses a China,  no supo nada de ella por 10 años, luego un día llegó una carta de que estaba viva y mi abuelo hizo todos los trámites para traerla en ese momento, mi papá se independizo y se fue a Mansión de Nicoya”, dijo. 


Inició con un comisariato denominado: La Humanidad,  vendían de todo, telas, abarrotes, refrescos, licores y helados y como no había carreteras, la mayoría de los pobladores llegaban en caballo o en carreta, entonces el parqueo era muy grande y estaba acondicionado para las dos cosas. 

Luis Alí Barrantes y Alicia Wong Chan en el comisariato en la Mansión de Nicoya, cuyo nombre es La Humanidad. Cortesía Luis Alí Wong/Comunidad China de Costa Rica.


Los trueques eran famosos en ese tiempo y los campesinos intercambiaban sus cosechas por comida y cuando salía el maíz, el azúcar (tapas de dulce), el arroz y todo lo que producían llegaban con las bolsas a cancelar.


“En ese tiempo, esos intercambios se hacían de palabra, nadie quedaba debiendo, dijo. 

Así, el negocio creció y le brindó empleo a muchos pobladores que debían empacar los productos: el azúcar, los frijoles y demás por libras y se vendía a todo el pueblo. 

Las encomiendas con los productos,  venían directamente de San José pero pasaban por Puntarenas y llegaban al puerto Jesús y se ahí se distribuían en camión a todos los negocios que habían desde ese lugar hasta Nicoya.


Alí nació en 1951 en Puntarenas, pero su vida la pasó en Mansión de Nicoya, ahí vio como su papá emprender y diversificar su oferta abriendo un teatro-cine llamado Mansión. 

Se proyectaban películas de 16 milímetros que le mandaban desde San José  a mi papá de cine mexicano, en su mayoría y americanas y era una novedad.


El expresidente, Mario Echandi visitó a mi papá en la casa en Nicoya y tiene alzado a Luis Alí.  Cortesía Luis Alí Wong/Comunidad China de Costa Rica


El teatro era  un punto de reunión para todos, años más tarde, se abrió un restaurante-bar y soda en el frente del Comisariato que se llamaba Miraflores.

“Entonces era un punto de encuentro para el pueblo porque las familias iban al cine, que costaba de 15 a 20 centavos y luego a comer algo en el Restaurante Miraflores, ahí se conocieron muchas personas, se enamoraron e iniciaron negocios”, aseguró Alí.


A fin de año, se organizaban bailes en el teatro con marimbas para que la gente celebrara y la pasara bien. 

También, en la parte de atrás del Comisariato había un gran patio que se llamaba El Acapulco, ahí se hacía el baile del mecate, que era que no se cobraba entrada, pero  por cada pieza bailada eran 25 centavos y el que pagaba pasaba el mecate, se llamaba también el baile peseteado, siempre asistían paisanos de otras pulperías y familias del pueblo. 


En Mansión vivían cinco familias de chinos y en las noches entre semana se reunían para tertuliar después de cerrar los negocios y compartir experiencias en el Comisariato.

El patio era tan grande que se hizo más adelante una fábrica de café molido, lo compraban y lo procesaban ahí mismo, se compró la maquinaria y se llamaba Fábrica de Café La Nicoyana, después se vendió la franquicia  a Café Maravilloso. 


El teatro Mansión donde se proyectaban películas mexicanas y estadounidenses.  Cortesía Luis Alí Wong/Comunidad China de Costa Rica


Con el tiempo, la situación cambió y se modernizaron las carreteras, vino la televisión y el Teatro se cerró, ya no era rentable, se compraron unas fincas y ganado.

Se afiliaron y eran proveedores de  la Cooperativa de Productores de Leche Dos Pinos y tenían ganado de engorde que lo llevaban a Montecillos, porque en ese tiempo no había subastas.


También, compraron salinas para producir sal,  que se usaba para el ganado y se vendía en el Comisariato.

Además, 12 colmenas en diferentes lugares que tenían de 20 a 40 cajas de colmenas y que sacaban miel de abeja dos veces al año que se exportaba a Alemania en barriles.


El comisariato vendía productos básicos y también telas y licores.  Cortesía Luis Alí Wong/Comunidad China de Costa Rica


Y, por último, construyeron un edificio para producir y comercializar hielo en Nicoya. 

“Todas estas enseñanzas y la hermandad que existía entre los emigrantes que venían a Costa Rica calaron en mí, así como ser estrictos para mantener el arraigo chino, en casa no me permitían que hablara en español, solo en chino y por eso fue que aprendí hasta que estaba en la escuela, ahora me siento muy orgulloso de que lo hayan hecho”, destacó. 

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